martes, 27 de enero de 2015

Flashback I

Estaba en mi penúltimo año de especialidad, y no tenía tiempo ni para respirar, del hospital a casa y de casa al hospital. Llevaba siete años en Madrid y se estaban cumpliendo los dos sueños de mi vida aún que he de deciros que me centraba más en la medicina que en la música, gracias aún milagro del cielo me cambiaron de supervisor y este me permitía cogerme el sábado libre para poder acudir al local donde solia tocar, casi todos los sábados. Pero ahora era diferente ya no tocaba antes de que lo hiciese mi amiga Vanesa, ella ya no estaba, por una parte me entristecia no verla en su rincón con la guitarra apoyada y mirándome tan sonriente como siempre, pero me alegraba enormemente de que a mi amiga le furan tan bien las cosas.

Hace cosa de seis meses un productor acudió a vernos actuar y nos propuso formar parte de la discográfica incluso grabar nuestro propio disco, era la oferta que todo cantante quería tener en sus manos y que Vane y yo llevábamos soñado toda la vida, como ya os imaginaréis mi amiga Vane no la rechazó, era lo que venia buscando a Madrid, pero a mi no me quedo de otra que tener que negarme ante tan tentadora oferta, me quedaban dos años para acabar del todo mis estudios de medicina y no lo podia dejar ahora. Me tendría que conformar con tocar en aquél local tan acogedor y con ese público que ya era familiar.

Casí todos los sábados venia un grupo de chicos que se ponían en el mismo sitio, había un chico entre ellos que siempre se esperaba a que terminase mi actuación, era más o menos de mi estatura, pelo moreno y algo largo que siempre lleva recogido en una pequeña coleta, a simple vita parecia serio, pero si te fijabas mejor era el más gracioso del grupo.

Un sabado al terminar la actuación, me dispuse a guardar mi guitarra, como cada noche, pero alguen me lo impidió. 

-No piensas darle la jubilación, la tienes machacaita.-Me comento el mismo chico que me escuchaba actuar atentamente hace un rato. 

- Le tengo mucho cariño - le conteste algo sería. 

- Perdona soy José, siento a ver sido tan directo, la verdad esque te estado escuchando unos cuantos días y eres muy buena, tocas muy bien y tienes una voz mi bonita. - mientras que me decía todo aquello sus mejillas se sonrojaban y a mi sinceramente me hacía mucha gracia aquella situación. 

- Muchas gracias me alegro que te guste, yo soy Cristina encantada. - y me dispuse a darle dos besos. - Pero creo que tendrías más posibilidades con cualquiera de aquellas chicas - le dije señalandole a las chicas que teníamos en frente. Su cara era un auténtico poema y decidí ser más directa. - José no tengo nada encontra de ti, de echo me pareces muy majo pero esque ... yo.... vamos que soy lesbiana. - Y comenzó a reírse, sinceramente me esperaba cualquier respuesta menos esa, ahora la que tenia la cara como un auténtico poema era yo.

- No pasa nada y tranquila no pretendía ligar contigo, de echo estoy felizmente enamorado. Sólo quería proponerte que quedáramos una tarde dónde quieras y me enseñes los acordes de la última canción que has tocado hoy. 

- Tu tocas la gitarra. - Pregunté sorprendía.

- Bueno un poco. - Y me sonrió tímidamente. 

- Pues yo quiero una demostración. - le dije entregándole mí gitarra. - Y cuidadito que es mi bien más preciado.

- Tranquila. - y comenzó a tocar una canción al azar y yo me quedé sorprendida tocaba como los ángeles. 

- Joder José eres muy bueno, deberías dedicarte a esto de verdad, tienes mucho talento con la guitarra, sorprenderías hasta al mismo Paco de Lucía. - Y José comenzó a reírse más si cabe que antes.

-Cristina creo que eres una exagerada, y hoy esto de celebración, después de un tiempo estando parado he encontrado curro así que te invito a algo y te cuento.

-Acepto, pero sólo por que eso se merece que lo celebremos. 

Nos acercamos a la barra y nos pedimos unas cervezas. 

- ¿Y de qué es el curro? - Pregunté intrigada. 

- Pues de gutarrista de una cantante. - lo dijo un tanto misterioso. 

-Ui cuanto misterio. - Mientras tanto yo bebía un trago de mi cerveza. 

- Voy a ser el guitarrista de Malú, la conoces. - Al escuchar el nombre de mi idola, casi escupo la cerbeza que tenia en la boca.

- Sí, claro que la conozco, debe ser increíble poder tocar para semejante voz, y además poder conocerla en persona. - Y José comenzó a reirse otra vez, yo ya pensaba que se estaba burlando de mi o algo. 

- Digamos que yo la conozco desde hace un tiempo ya. - Mi cara deberia de ser de una incredulidad aplastante, José saco una pequeña foto de la cartera y me la tendió, en la foto aparecía el tumbado en la arena de la playa y una chica a su espalda sacando la lengua, y si era ella era Malú. 

- Y de que la conoces. - Pregunté alucinado. 

- Es mi hermana.- Me contesto de lo más tranquilo. - Y la verdad es que me a salvado el culo al darme el trabajo, lo necesitaba como agua de mayo.

Los dias eran de los más aburridos y monótonos, lo único que se salvaba era alguna que otra tarde que podía quedar con José para tocar un rato y componer cositas era un auténtico crack y me caía genial. No tenía casi tiempo libre, intentaba ver a Vane pero era misión imposible. Lo único me me alegraba últimamente era pensar que llegaría el sábado y que me podría volver a corgar mi guitarra. 

Estaba con Ray y Ana en la cafetería del hospital, y se acercó Rodríguez mi supervisor para comunicarme que debido a un problema en el cuadrante de los horarios el sábado me tocaria guardia. 

Era sábado y a mi me tocaba quedarme todo el día en el hospital, decidí que lo mejor seria no pensar en otra cosa que no fuese mi trabajo. Y allí me encontraba rodeada de pacientes, informes, altas, pruebas y sin un solo segundo para poder parar era una guardia muy movida.

Sobre las once y media de la noche conseguí sacar un hueco y desaparecer por un rato y que mejor manera que en la azotea del hospital, allí no subía nadie y necesitaba un poco de aire fresco.

Llevaba unos diez minutos más o menos absorbida en mis propios pensamientos cuándo el sonido de mi busca, me trajo de vuelta a la realidad, me necesitas en el quirofano. 

Bajé a toda prisa, y en las puerta del quirofano me encontre a mi supervisor, que me miraba con gesto fruncido. 

-Lo siento, he llegado lo antes posible. 

- Dije a modo de disculpa por mi tardanza. 

- Esta vez quedas perdonada Pérez, que no no se vuelva a repetir. - Rodríguez era un tipo serio pero muy buena persona.

- Quiero que operes sola, estaré a tu lado pero quiero que te encarges de todo. - Yo en esos momendos desbordaba felicidad.

- ¿De que se trata?

-Maria Lucía de veintiséis años, ruptura de vesícula biliar, con posible infección aguda.- Dijo todo aquello mientras que me entregaba el informe de aquélla chica. 

No era la primera vez que operaba, pero cuando lo hacía podia sentir una sensación increíble e indescriptible algo muy parecido a lo que sentía cuando me subia encima de un escenario. Pero esta iba a ser diferente yo me iba a encargar de todo. Entré en quirofano ya estaba todo preparado para comenzar, estaba tan concentrada que ni siquiera miré a la cara a aquella chica, me concentre como nunca antes había echo en mi vida, y he de deciros que salio increíblemente bien, incluso obtuve la enhorabuena de mis compañeros y supervisores.

Era el momento de comunicarle a la familia que todo había salido genial y que a pesar de ser una operación complicada, y que tendría que guardar reposo por un largo tiempo, estaba convencida de que se recuperaría. 

Cuándo me disponía a salir observé a alguien que me resulta familiar, estaba de espaladas y abrazado a una mujer mayor, pero no me cabían dudas era José, pero que haría allí.

De repente como si de una bombilla se tratase algo se encendió en mi mente y el nombre de Maria Lucía se me repetía una y otra vez, me dí la vuelta y me dirigí a la sala de reanimación, cuándo la ví no me lo podía creer era ella era Malú. 

Me acerqué a ella, esta llena de sueros y con una mascarilla de oxígeno que le cubría parte de la cara, pero sin ninguna duda era ella y para salir de mi asombro cogí el informe que había tenido horas antes en mis manos y aclaré las mínimas dudas que me quedan María Lucía Sánchez Benítez. Le cogí la mano y me detube a observarla, no la conocía en persona, no había hablado nunca con ella pero me dolia enormemente verla en esas circunstancias. 

Una auxiliar me comunico que la familia me estaba esperando, y decidí no demorarme más. 

Al salir vi a José, se sorprendió de mi presencia allí, tenía los ojos muy rojos e hinchados. Me hacer que a ellos y abracé a José, me apetecía le había cogido mucho cariño y sabia que lo estaba pasando fatal. Terminamos ese largo y fuerte abrazo y me dirigí a la familia.

- La operación a salido muy bien, sin ningún tipo de compilación, Malú se encuentra en la sala de reanimación, para estar más controlada, cuando despierte la subiremos a planta y podréis pasar a verla.

-Muchísimas gracias me dijeron al unísono los que parecían ser sus padres. 

- ¿La has operado tú? - me pregunto José. 

- Sí, yo me he encargado de la operación, junto al doctor Rodríguez. 

-No se como te vamos a agradecer que le hayas salvado la vida, Cris. -Dijo José muy sincero. 

- José, no me tenies que agradecer nada yo sólo he cumplido con mi obligación, a hora lo que tenis que hacer es estar con ella os necesita más que nunca y si necesitis cualquier cosa no dudéis en pedirmela. - Dije esto último mirando a sus padres.

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