Éstas dos últimas semanas mi vida se resumía en ir de casa a la discográfica y de la discográfica a casa, sin olvidarme del paseo diario con los bichos y mis dos horitas aproximadas de Skype con Malú.
A pesar de utilizarlo muy a menudo siempre perdíamos unos 10 minutos en prepararlo, se conectaba se desconectaba, me llamaba tropecientas veces por que no sabía a que botón le había dado. Yo tengo que reconocer que no soy muy buena con las nuevas tecnologías, pero ella sin duda me superaba. Hoy por fin volvía a casa, después de dos semanas fuera, 14 días, 336 horas para ser más exactos. Recorriendo parte de la geografía española y dejando a su público con esa inmensa sonrisa después de casa show.
Mi discográfica se encontraba en pleno centro de Madrid un sitio que por cierto me encantaba, cada vez que acudía allí me era inevitable recordar mis inicios en está ciudad. Bueno en realidad me encantaba cuándo me traían, cuándo tenía que venir en mi coche era una auténtica pesadilla, aparcar en Madrid, es misión imposible. Acababa de salir de una larga reunión para elegir los nuevos temas de mi próximo disco.
Dirección a mi coche, que por cierto estaba casi en la otra punta de la ciudad, me detube delante de uno de los infinitos escaparates que poblaban la calle. La causante fue una tablent decorada con los personajes de la tan famosa película de Disney, Frozen. Mañana, Carla la ahijada de Malú e hija de Vero cumplía 5 años, seguro que a mi chica con lo de la gira se le había pasado yo no me pude resistir y se la compre estoy segura que le haría mucha ilusión.
Al llegar a casa el zoo me asalto, intentaba entrar a trompicones. Entre que iba cargada de bolsas y que los bichos se cruzaban en mi camino una y otra vez me era imposible cruzar el portal de casa. Al abrir la puerta su olor me invadió por completo, todo estaba igual que lo había dejado está mañana antes de marcharme, pero ahora su chaqueta colgaba en el respaldo de una de las sillas del comedor, dejé las bolsas encima del sofá y me dispuse a llamarla, sin obtener respuesta alguna. Que había estado en casa era obvio pero a lo mejor ya no estaba. Noté como alguien tras de mí me cubría los ojos con unas manos pequeñas y suabes, un escalofrío recorrió por completo mi cuerpo y una inmensa sonrisa se apoderó de mi cara, me giré y la besé, dios como la echaba de menos.
-Anda que si llego a ser un ladrón-Comento divertida a centímetros de mi boca.
-¿Quién te dice que no seas toda una ladrona?- Frunció el ceño y me miro expectante.
-¿Y que he robado yo?
-Mi corazón, ¿no te es suficiente?
Se lanzó sobre mi aprisionando sus piernas en mis caderas, lo hizo tan sumamente fuerte que perdí el equilibrio y caímos en el sofá que se encontra a mi espalda. Nuestras risas inundaban toda la casa, se lanzó a mi boca dejándome sin aliento, me besaba lento pero con ganas un beso que se alargaba y que me dejaba con ganas de más, con ganas de ella. Me incorporé como pude en el sofá y ella se quedo a horcajadas encima de mí, rodeó mi nuca con sus manos y volvió a mi boca, sus besos bajaron de mis labios a mi cuello y mis manos que reposaban en sus caderas, se introdujeron debajo de esa camiseta que tanto me gustaba pudiendo así acariciar su suave piel, pude notar con la punta de mis dedos como se le erizaba todo el vello de su cuerpo, un ligero mordisco en el lóbulo de mi oreja fuel el causante de un suspiro.
De un tirón le quite la camiseta, ella hizo lo mismo con la mía segundos después, dos semanas sin vernos sin tocarnos era una tortura. Me desabrochó el sujetador tirandolo a cualquier parte del salón y se perdió en mi pecho mientras yo pedia entre cada beso la poca cordura que me quedaba, hice la misma operación con el suyo y nos levantamos de aquél sofa, en dirección a la habitación fue desapareciendo el resto de la ropa, entre miradas cómplices y sonrisas picaras. Con un sutil movimiento me tiró encima de aquella cama, poco tardo en colocarse encima de mi y en volver a perderse en mi boca, mientras mis manos recorrían su cuerpo ahora sí desnudo completamente, depositaba suabes besos por todo mi cuerpo y una vez más perdimos la cordura, nos elevamos a límites insospechados y disfrutamos del placer de sentirnos una. Durante toda la noche.
Me despertó su voz desde el salón.
-¡Si me has comprado un regalo! - Su grito de emoción, hizo que me levantará de la cama de un salto y bajase las escaleras en un abrir y cerrar de ojos.
-No lo habrás, que no es para tí.- Su cara cambio al segundo, se le notaba algo desilusionada. - Prepárate que nos vamos a Valencia, el regalo es para Carla.
-Mierda es verdad hoy es su cumple. ¡Joder menuda cabeza tengo!, menos mal que tengo a mi doctora, para volver a salvarme.- Decía todo esto mientras se acercaba más a mi, cómo siempre no pude resistirme a sus labios y le dí el primer beso de la mañana.
-La verdad es que no se que harías sin mi eh- estalló en una carcajada ronca que me encantaba- Va en serio cariño, vamos que si no no llegamos.
Después de tres horas de risas, confesiones, música y momentos de silencios agradables llegamos a Valencia, la cara de Malú cambio cuándo entramos por la avenida de aquél pequeño pueblo de pescadores en el que vivía Vero.
-¿Recuerdos? - Pregunté sin apartar la vista de la carretera.
-Sí, los tres meses que pasé aquí fueron los más duros de mi vida, pero sabes a la vez también fueron los más increíbles, me dí cuenta de lo que verdaderamente significa vivir, conocí a personas maravillosas que me apoyaron y cuidaron sin pedir nada a cambio, aquí también está parte de mi familia. -Se le veía emocionada y entusiasmada de volver a verles.
-Son muy buena gente. -Y estaba en lo cierto, acogieron a Malú como una hija cuándo salio del hospital, para que se recuperará del todo y no tuviese esa presión que sentiría en Madrid.
-¿Sabés por qué me encanta, a parte de por qué estan ellos? - Preguntó mientras termine de aparcar delante de la casa de nuestra amiga.
-¡Sorprenderme! - La rete a sorprenderme, a centímetros de su boca, podía apreciar ese brillo en sus ojos.
-Aquí me dí cuenta que me había enamorado hasta las trancas de una doctora. - Y así cómo era ella te soltaba éste tipo de cosas y se quedaba tan pancha. Y nuestros labios se juntaron cómo un par de imanes con polos opuestos.
Entramos a esa humilde y encantadora casa por la parte del jardín, el motivo principal de la decoración era la famosa película que tanto le gustaba a la niña, Vero era toda una artista para esas cosas y he de reconocer que se lo curro muchísimo. Por la ausencia de gente supuse que seríamos las primeras en llegar.
La pequeña Carla en un spring se recorrió todo el pasillo al grito de ¡Tata Malú! y se lanzó a sus brazos, una estampa que guardaré siempre en mi recuerdo. Disfrutamos de la fiesta como dos enanas más, a mi chica se le veía tan feliz, se sentía en casa, la verdad esque eran encantadores, te transmitían tranquilidad y seguridad. Quique y Vero hacían una pareja perfecta, y junto a Carla forman una familia increíble, verlos a si de felices me llegaba a pensar en mi futuro, en un futuro no muy lejano junto a Malú.
-Carla, ahora toca nuestro regalo, es de la Tata Cris y mio, toma ábrelo a ver si te gusta. -La niña lo cogío y arrancó el papel a la velocidad de la luz, al ver el contenido su cara de sorpresa e ilusión nos invadió a todos.
-¡Muchas felicidades, preciosa!, ¿te gusta?- sin responder se lanzó a nuestros brazos, que nos encontrábamos en cuclillas para apreciar mejor su reacción.
-¡Muchas gracias! Tatas, es lo que yo quería.
Y cómo un rayo salio disparada a enseñársela a todos sus amigos, amaba la ilusión y el entusiasmo de los niños.
-Anda que ya os vale a las dos, menudo regalazo, eso cuesta una pasta...-Mi chica cortó a Vero antes de que siguiera con su discurso.
-Amiga a tí no te han dicho que es de mala educación rechazar regalos, además no es para tí, es para mi ahijada.
-Ya pero en serio chicas, es demasiado. -Añadió Quique. Está vez intervine yo.
-El regalo es para la niña, que no te vea yo jugando al juego de las bombitas que te conozco Enriquito.- Dije mientras le despeinaba de un modo desenfadado y estallamos en sonoras cargadas.
Ya en el coche, rumbo a Madrid, sonó el manos libres de Malú anuciandonos de una llamada entrante, el nombre de José hermanito y una foto de él sacando la lengua, a parecio en la pequeña pantalla del salpicadero del audi de mi novia.
-¿Dime hermanito, ya me echas de menos?- Preguntó mi chica en tono muy burlón.
-Estaba deseando perderte de vista y lo sabes. - Ellos y sus continuos piques, me encantaban, por que eran capaces de decirse mil tonterías y acabar con un te quiero, demasiado adorables.
- Cuñadito, va conduciendo no me la entretengas que pone en riego mi preciada vida. -Las carcajadas al otro lado de la línea inundaron el vehículo.
-Pues no se dónde estáis pero mañana os quiero a las dos en mi casa, para comer, os tenemos que contar algo muy importante, es una buena noticia. Os esperamos. - y colgó.
Su tono serio derrepente y ese os tenemos que contar algo muy importante nos dejó a Malú y a mí en una indecisión y con una intriga terrible, ¿De que se trataría?
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