No se exactamente la hora que era cuándo me giré en la cama para acurrucarme a Malú, pero no estaba a mi izquierda como cuando nos quedamos dormidas. Y aún con los ojos cerrados estiré el brazo izquierdo palpando toda la cama pero no había rastro de ella, supuse que habría ido al baño, entre abrí los ojos, y fijé mi vista en la puerta del baño estaba abierta y con la luz apagada, y no había ni una sola pista de que se encontrase ahí. Me alarme, me levanté de un salto de aquella inmensa y comoda cama que compartíamos cada noche y fui en su búsqueda. Aproveche que estaba en la parte de arriba para buscarla por toda la planta, entré en todas y cada una de las habitaciones, pero ni rastro.
Bajé las escaleras ya en alerta y pense que se podría encontrar en la cocina, la parte de abajo estaba totalmente a oscuras y tampoco había ni rastro de los bichos.
Al entrar en el comedor, vi que las cortinas que tapaban la cristalera que daba al jardín estaban corridas, y la puerta corredera entre abierta, se podia observar las luces de la piscina encendidas.
Y entonces la ví, estaba de pié apoyada en la barandilla que rodeaba toda la piscina, fumandose un cigarro y mirando a las estrellas, y he de deciros que está jodidamemte sexy, su cuerpo sólo está cubierto por una camiseta ancha que por cierto era mía, no se cuanto tiempo hace que se apoderó de ella para dormir, según ella decía que olia a mí y que sin ella no conciliaba el sueño. La luz que desprendían los focos de la piscina, le daban un aspecto muy sensual.
Me acerqué sigilosamente y la abrace por la espalda depositando mi barbilla en su hombro izquierdo, cuando notó mis manos por su cintura dio un pequeño respingo, y supuse que la había asustado.
-¿Que hacés aquí a estas horas, amor?- Pregunté mientas dejaba suaves besos en en su hombro y nuca.
- Me desvele, y he salido a tomar el aire. - le dio la última calada al cigarro y lo apagó en un pequeño cenicero que se encontraba en el borde superior de la barandilla.
- ¿Y por qué no me has despertado?
-Porque dormías plácidamente, parecías un angelito- me comentó esto último con una gran sonrisa en la cara.
- ¿A caso no lo soy? - dije divertida e intentado poner cara de no haber roto un plato en mi vida.
-Sólo cuando duermes. - Se giró y juraria que sólo lo hizo para ver mi cara de indignación ante su respuesta y volvió a reir aún más fuerte si cabe.
Me cogío la cara con ambas manos y me beso fuertemente en la mejilla, lo primero lo hizo para que no me escabullese de aquél beso, y lo segundo para aclararme que lo que me había dicho con anterioridad era broma, y así de paso me recordaba que era la persona más bonita y dulce de este planeta y que por mucho que me picase jamás me podría resistir a sus labios. Después de un par de besos se volvió a girar a su posición inicial y perdió su vista entre las estrellas, conocía a mi chica incuso más que a mi misma y no me cabía ninguna duda que lo mismo que la había llevado a tener que levantase de la cama hace un momento era lo mismo en lo que pensaba mientras fijaba su vista en los astros, en su cara se percibía una ligera tristeza. Sin poder evitarlo acerqué mis manos hacia su cintura y la atraje más a mi, entrelazando mis manos en su vientre, depósito las suyas sobre las mias y apoyé mi barbilla en su hombro.
-Mirá, ves aquél grupo de estrellas. - Señalé con mi dedo hacía aquel precioso y estrellado cielo, y ella simplemente se limitó a asentir. - Ves esas que forman ese dibujó tan peculiar, es la Osa Mayor, y aquélla. - Volví a señalar a otra constelación. - Aquélla es la Osa Menor, mira más a la derecha está Tauro y aquéllas de allí que brillan tanto es Orión.
Quise seguir nombrandole todas las que mi vista alcanzaba a obserbar pero ella me detuvo, se giró depositó la mirada en mí y lo hizo muy fijamente, pude notar que estaba sorpendida y que la pequeña clase de astronomía que le dí la dejo más alucinada de lo que me esperaba.
-Joder, ¿en medicina también te hacían estudiarte las constelaciones, o qué? - No puede evitar reir ante su pregunta, y menos por la cara que estaba poniendo en ese intante.
-No, en la carrera teníamos que estudiar muchísimas cosas pero las constelaciones no estaban dentro de ellas no. - poco a poco fui disminuyendo mi risa. - Sabes a mi abuelo le apasionaba la astronomía, y aunque era un simple pastor, se conocía todas y cada una de ellas, y me lo contagio. Me encantaba salir con él por la noche a la terraza de casa y tumbarme en sus rodillas mientras me explicaba miles de historias de cada una de esas lucecitas que brillan allí arriba. - Sin darme cuenta miestras que le contaba todo esto a Malú una pequeña lágrima corría por mi mejilla al recordarlo, al recodar todos los maravillosos momentos que viví bajo esas mismas estrellas, que ahora brillaban encima de nosotras.
-Nunca me lo habías contado, es muy bonito. - Me comentó mientras limpiaba la lágrima que resbalaba suavemente por mi rostro.
-Sí, sabes no me cabe ninguna duda de que ahora brillan con más fuerza, estoy completamente segura que él está entre una de ellas. - y me abrazó con fuerza, un abrazo en el que me transmito que estaba ahí conmigo, que me queria, entre nosotras no era necesario muchas palabras, con un simple abrazo nos tramitamos infinidades de sentimientos.
-Pero sabes ahora tengo entre mis brazos a la estrella más bonita del firmamento, mi estrella. - y me beso, ese beso vino compañado de un largo abrazo.
-Te amo.- Y no habían palabras más bonitas que pudieses escuchar en tu oido y más si procedían de ella.
-Bueno y me vas a decir que es eso que te quita el sueño. - Pregunté rompiendo el silencio que se había creado después de aquel bonito momento. Me esquivo la mirada he intento escabullese de mi pregunta cambiando de tema. -Lo que tu quieras Malú si no me lo quieres contar estas en todo tu derecho, pensaba que confiabas en mí. Mira yo no se lo que te pasa últimamente pero cuándo me lo quieras contar no dudes en buscarme. -Me dispuse a entrar en casa pero me agarro del brazo y me hacerco a ella.
- Cariño sabes perfectamente que eres la persona en la que más confío, pero esto es muy complicado, estoy echa un lio, no se... joder. - Pronunció las últimas palabras en un suspiro e inclino su cabeza hacía el cielo dejando salir todo el aire que guardaba en ese cuerpecito.
-¿Pero qué pasa? ¿Qué a ocurrido para que estés así? ¿he echo algo? ¿es por nosotas? - No había cosa que retorcía más por dentro que no saber que era eso que tanto le inquietaba a mi chica.
-No mi amor no es por nosotras, o sí ... no se... pero tú no has echo nada.
-Cómo que o sí, venga Malú no me jodas, que coño pasa. - Me estaba empezando a alterar, no solia hablarle así, pero está situación me estaba empezando a inquietar bastante.
Me cogío las manos y se acercó más a mí, por el gesto de su rostro supuse que me lo iba a contar todo, y seguro que lo haría de un tirón, como siempre. Me límite a sonreír a modo de aprobación a lo que sabía que se disponía a hacer.
- Cris llevamos cuatro años juntas, los mejores de mi vida, pero estoy cansada, no de ti, ni de lo nuestro, ni mucho menos, por que de eso no me podría cansar jamás. Eres la persona con quién quiero compartir mi vida y de eso no tengo ni la más mínima duda. -No pude evitar sonreír al escuchar aquello, sabía que lo decía con total sinceridad. Pero también sabia qué ahora venía el pero.
-¿Pero? ¿Cuál es el pero?- Me adelante a preguntar.
-El pero es que estoy cansada, cansada de saber que eres la mujer de mi vida y no poder salir contigo de la mano, cansada de que se creen especulaciones con otras personas, cuando no son ciertas, cansada de ir a actos y estar a tres pasos de ti, estoy arta de que tengamos que ocultarlo, de que todo el mundo tenga que opinar sobre lo hago o no hago en mi vida privada. Joder tengo 32 años y estoy hasta las narices de tener que andarme escondiendo como cuando tenia 15 y no quería que mis padres se enterasen de que fumaba. Y lo único que puedo hacer es aguantarme y dar las gracias por que al menos en estas cuatro paredes si que puedo estar contigo. - Se le notaba más cabreada que nunca, ya habíamos hablado de este tema, incluso fué causa de muchas discusiones.
-Cariño ya lo hemos hablado, es muy complicado y además no es conveniente contarlo ahora, estás en la cresta de la ola, seria un caos, irían a por nosotras.
- Tanto miedo tienes de que sepa lo nuestro. - preguntó apenada.
- Cariño yo no tengo miedo a que se sepa y lo sabes, yo soy la primera que estaría encantada de que todos supiesen que la mujer más maravillosa de este mundo, duerme todas las noches apoyada en mi hombro, y además sabes perfectamente que yo fui la primera que se lo conto a mi familia, pero no quiero que esto te afecte, que hacer público lo nuestro afecte a tu trabajo a todo por lo que llevas luchando tida tu vida, no me lo perdonaría jamás.
-Lo sé mi amor, pero no podemos seguir así toda la vida.
- Ya pero no creo que ahora sea el momento Malú.
- ¿Y cuándo es el momento? ¿Por qué no ahora? ¿por tu disco? - Lo dijo en un tono que no me gusto nada, en el fondo tenia razón.
- Joder Malú no empecemos. A qué viene este cambio de opinión, yo pensaba que lo dejamos claro hace tiempo y que pensábamos lo mismo.
-Biene a que estoy cansada de ocultarme. Y pensaba que tú también estabas cansada, pero veo que te importa más tu trabajo. -La conversación empezaba a subir de tono y odiaba discutir con Malú y más por ese tema. Aquéllas palabras, que me dijese que me importaba más mi carrera que ella, me callerón como un jarro de agua helada. Le había demostrado miles de veces que la queria por encima de todo y de todos y que pensase eso me mataba, lenta y dolorosamente.
- Vete a la mierda.
Y me fui, tampoco hizo mucho por retenerme se quedó allí plantada. Entre en casa y me puese lo primero que encontré en la silla de la habitación, eran una camiseta blanca de tirantes junto a unas mayas deportivas y unas zapatillas deportivas que deje preparadas, puesto que tenía pensado salir a correr a la mañana siguiente. Cogí el móvil y los cascos y bajé a la planta de abajo, Malú estaba en el sofá rodeada de los bichos y con una taza en la mano, por lo que pude ver era una infusión. 
- ¿A donde vas? - Me preguntó desde el sofá y con la cabeza de Django en su cintura.
- A correr. -Contesté lo más fría y seca que puede.
- ¿A estás horas?
-Sí, no tengo sueño. - Me jodia mucho estar así con ella, pero yo también tenia mi orgullo y lo que me había dicho me habia jodido muchísimo.
- Cris, ven porfa sientate vamos a hablarlo. -Dijo esto a la vez que apartaba a los bichos del sofá.
- No Malú, ahora no me apetece hablarlo, me voy a correr.
-Joder cariño, me voy enseguida y no quiero irme así.
- Tu sabrás es tu trabajo. - La miré un instante antes de salir por la puerta y me fui dando un sonoro portazo.
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