Eran aproximadamente las 20:00 de la tarde cuando llege a casa. Entrar en casa y saber que no está y que tampoco estará esta noche es la peor sensación que he tenido en mi vida.
Al abrir la puerta de casa salieron disparados todos los bichos a recibirme, a pesar de no estar Malú ellos también son capaces de sacarme una sonrisa. Era su hora, la hora de salir un rato, la casa era muy grande, pero como es lógico ellos necesitaban su paseo diario. Cuándo los tenía a todos atados y listos, me dí cuenta del verdadero zoo que avisamos creado Malú y yo, a sus tres perras había que sumerle a mi Django un sherpey que estaba conmigo casí siete años ya, más el gato, vamos un auténtico zoo.
Llegamos al parque que solíamos ir simpre, solte a los bichos para que corrieran un ratillo, puesto que hay no había problemas y me sente en un banco.
El sitio era precioso, un gran jardín muy bien cuidado y no habia casi nadie.
-Cómo a cambiado tu vida en todo este tiempo Cristina. -Me pregunte a mi misma en mi cabeza, cosa que solía hacer muy a menudo, hablar conmigo misma.
Y era cierto quién me iba a decir a mi que llevaba viviendo en Madrid 12 años ya, yo la misma que llego aquí con 18 años llorando a moco tendido cuando tube que dejar a tras Murcia, mi familia, mis amigos, todo. Y todo lo que había logrado, empezar y acabar el que era uno de mis sueños la medicina, y no solo eso si no que había conseguido mi hueco, mi gran hueco en la música, lo que más me apasinaba en esta vida. Y había formado una nueva familia, Malú los bichos y yo, y su familia ya formaba parte de la mía, había conseguido estar rodeada de gente increíble, de amigos increíbles y era muy feliz. Y gran cumpla de todo ello la había tendo ella, mi chica.
El motivo por el que tube que irme de Murcia fué por problemas económicos, todavía recuerdo ese día como si fuese en este preciso intante. Mi padre es un currante nato, pero un simple mecánico de pueblo, mi madre en esos momentos tubo que dejar su empleo de dependenta, debido a una depresión, y para un simple mecánico mantener a su mujer y sus tres hijos era muy complicado.
Y como podéis comprender yo no iba a permitir que mis padres, las personas más maravillosa de este mundo, se endeudaran por labrarme un futuro, se me ocurrió la genial y de de irme a Madrid a labrarme mi propio futuro y ya de paso ayudarles a ellos. Cuando les conte cual era "Mi plan" y la decisión que había tomado, como era de esperar se negaron rotundamente.
-Pero como vamos a permitir que te vayas tu sola, Cristina, tienes solo 18 años y además, jamás has salido de Murcia tu sola y a demás a Madrid que no conocemos a nadie. Ni hablar ni que estuviésemos locos.
-Pero papa necesitamos el dinero, aquí no voy a encontrar un trabajo en la vida y lo sabes, además allí tengo más posibilidades de ir a la universidad, papá allí podre estudar medicina. Cosa que aquí como mucho me quedo en la tienda de la pepi.
- Bueno ya lo hablaremos...
Un 9 de mayo ya estaban mis maletas preparadas y mi guitarra lista, esa que me regaló mi tia para mi comunión y que desde entonces no se ha separado de mí, mi tren salía en unas horas dirección Madrid.
Tengo dos hermanos a los cuales quiero con locura, yo soy la mayor, Javi es 6 años más pequeño que yo es mi niño, bueno en relidad ya es todo un hombre, con 24 añazos pero jamás dejará de ser mi enano rubito. Y mi perdición mi niña consentida Adriana, ya con 18 años, cuantas cosas me había perdido de ellos por tener que marcharme, pero sí que se que si no me hubiese venido a Madrid no estarían igual de bien que lo estan ahora y me enorgullezco de ello.
Llegar a Madrid sola fué muy duro, estube casi un mes buscado trabajo y tirando del dinero que me había dejado mi familia para empezar, pero se acabaría pronto. Debido a mis buenas notas en la selectividad, no tube ningún problema en entrar a la univesidad complutense de Madrid, ya estaba matrículada en Medicina, el sueño de mi abuela, y uno de los míos.
Tras patearme Madrid de punta a punta conseguí encontrar trabajo en un una cafetería cercana al hostal cutre donde vivía. Gracias al dinero que me pagaban de camarera, me pude mudar a un mini apartamento en un piso antiguo justo en el centro de Madrid, y yo que vivía en un pueblo de 60 habitantes, aquí me veo en pleno Madrid. La medicina me encantaba, en realidad creo que lo que de verdad me gustaba era saber que podría ayudar a los demás. Los días pasaban y ya incloso podía mandarles algo de dinero a mis padres. Cuando llegué a Madrid me fué imposible coger la guitarra, cantar componer, me venían tantos recuerdos de allí que era como una especie de "Tortura" psicología. Dejé la guitarra apoyada en la pared, en una de las esquinas de mi mini casa y allí estaba casí un año y medio sin ser desfundada, un año y medio lejos de mi familia.
En la facultad habia conocido a gente increible, sobré todo tres personitas increíbles.
Ray un chico de mi edad, moreno con el pelo corto, musculoso y con una sonrisa preciosa y además increíblemente simpático, el chico prefecto vamos y murciano como yo. La verdad esque hicimos muy buenas migas desde el principio.
Su novia Ana una chica de pelo oscuro, bajita, muy risueña y timida, super inteligente, aplicada y muy generosa, creó que estudié toda la carrera con sus apuntes.
Y por último Silvia, una chica con una melenaza rubia y un cuerpazo atlético debido a que no faltaba a su cita diaria con el gimnasio, era madrileña y de una familia adinerada, pero muy humilde.
La verdad es que había hecho muy buenos amigos, estaba muy orgullosa de ellos.
En el trayecto que hacía desde mi casa, hasta la boca del metro más cercana que me llevaba a la universidad, descubrí un local que me llamó mucho la atención, en verdad creo que no fué el local si no uno de los carteles que colgaban el la fachada el cual ponía. "Todas las noches contamos con un magnífico espectáculo, y damos a conocer nuevas voces de este país, el lugar perfecto para descubri a grandes compositores que se encuentran a la sombra".
Mi imaginación se disparó al pensar que algún día podría triunfar en el mundo de la música, quien sabe algún día podría incluso hasta conocer a Malú. Va Cristina deja de soñar y baja a la tierra, eres una simple estudiante pueblerina, y a mucha honrra pero jamás llegaras allí. Yo y mi positividad, quién se lo diría ahora a aquella Cristina.
Acababa de graduarme, ahora empezaba el MIR y mi vida se basaba practicamente en ir de la cafeteria al hospital, y encima me había tocado como supervisor el médico mas serio y estupido de todo el hospital, que digo de todo Madrid como mínimo. Al salir de una guardia de 24 horas sono mi móvil, que raro era Javi, mi hermano llamándome un martes a las 4:20 de la mañana, nada bueno sin duda.
- Que pasa Javi? -Dije antes de que pudiese decir nada.
-Cris, a ver .... como... - Se le notaba que estaba muy nervioso y no sabia como decirme aquello que me fuiese a decir.
-Javi suéltalo ya sea lo que sea. -Dije con un tono elevado ya, debido a mi preocupación.
-Hermanita, el abuelo Juan a muerto hace dos horas. -No me lo podía creer mi abuelo, el padre de mi madre, la verdad es que tenía más relación con mi familia paterna, pero a el también lo veía a diario cuando vivía allí y joder era mi abuelo y se había marchado sin si siquiera poder despedirme de el. Y tampoco podía ir a Murcia, a abrazar a mi madre a mi familia, me sentia una auténtica mierda.
Me marqué a casa y cuando llegue nada más abrir la puerta, me la encontre allí esta ella frente a mí, mi guitarra y parecia que me pedía a gritos que la cogiese y sacase todos esos sentimientos que de momento solo salían en forma de lágrimas. Después de eatar un rato tocando, y como no entre otras cosas canciones de ella, de Malú. Me prometí que no iba a dejar que pasara tanto tiempo sin acariciar las cuerdad de aquella guitarra.
Una tarde cuando regresé del hospital, cogí mi guitarra y me dirigí al local aquel de los cantautores, por probar no perdia nada. Y allí estaba yo una chica de 1,70 de estatura, ojos miel, pelo largo, ondulado y castaño y algo risueña, con su guitarra en la espalda, dispuesta a luchar por su sueño.
Cuando entre en el local había vastante gente, me acerqué a la barra y pedí una fanta de limón, no muy normal la verdad, pero no era de beber alcohol.
Se me acercó alguien por la espalda y me toco el hombro, cuando me giré era una chica yo diría que un par de años mayor que yo y no se de que pero su cara me resultaba familiar.
- ¡Hola! ¿Qué tal? Soy Vanesa encantada. -Dios yo era malísima para quedarme con los nombres pero las caras no se me olvidan jamás, ya sabia de que la conocía de YouTube, si aún que parezca raro de alli la conocía.
- Hola, Cristina encantada. - Debía de preguntárselo y me lancé. - Eres... Vanesa Martín?? -Su cara me desconcertó por un momento pensaba que la había cargado, pero bueno lo tenia que intentar.
-Sí. Y comenzó a reirse. - ¿Cómo me has conocído? -Pregunto con cara de desconcertada.
- Pues he visto algún vídeo tuyo en YouTube y la verdad he de decirte que escribes de maravilla y cantas muy bien.
-Eá, muchas gracias, sabes eres la primera persona que me reconoce.
- Pues que raro por que lo haces de maravilla.
-Calla que me voy a poner colorá. ¿y que haces por aquí?
Comenzamos a hablar y se nos hizo tardísimo, me presentó a un tal David el dueño del local y me hicieron que cantasé uno de mis temas. Al día siguiente ya estaba subida en ese escenario y era amiga de una Malagueña que componia fabulosamente y que seguro que llegaría lejos.
Cuando me quise dar cuenta me había sumergido tanto en mis pensamientos que no me había dado cuenta que era practicamente de noche, bajé la vista y tenía a todos los bichos mirando con cara de "Nos vamos a casa ya". Los até y nos pusimos rumbo a casa. Al llegar necesitaba una ducha, me prepare la cena, algo rápido una ensalada y acorrer, me duche, cené y me llamó mi abuela como todos los días, no había dia desde que llege a Madrid que no lo hiciese y a mi me encantaba, he de decir que hablaba más con ella que con mi propia madre, aún que no me importaba por que yo la quería como tal.
Trans medía hora de preguntarme si comia bien, si me abrigada "Abuela, por dios que estamos en agosto. A lo que ella respondía tan graciosa como simpre, hija eres cantante y te tienes que cuidar". Como la quería.
Me tumbe en el sofá con Danka a mis pies y Django a mi derecha y enchufe la tele, la verdad que lo único interesante que había en agosto a esas horas eran capítulos repetidos de Anatomía de Grey. Y allí estaba yo rodeada de los bichos, viendo la tele y con el móvil en la mano esperando el tan ansiado tweet de Malú, que me dijese que había acabado su concierto y que podía escuchar su preciosa voz.
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