miércoles, 28 de enero de 2015

Flashback V

Narra Malú

Llevo 29 días encerrada entre estás cuatro paredes blancas y frías aún que no me faltan las rosas que a diario me envían mis Maluleros y una estampita del 'Gran Poder' que mi madre se ha encargado de colocar en el cabecero de la cama, tengo unas ganas inmensas de regresar a casa. Todos dicen que voy mejorando, que estoy muchísimo mejor, mi familia, mis amigos, Cris. Pero no me siento así, me miro al espejo y no me siento yo, he perdido casi la mitad de mi peso y me cuesta un trabajo horrible dar más de tres pasos seguidos. Aún que no debería de verlo así, debería de estar agradeciéndole precisamente a el 'cristo' por haber vuelto a renacer, por haberme brindado otra oportunidad. 

La verdad sea dicha es que no me falta el cariño de los míos, no hay un sólo día en el que no estén por aquí y luego está Cris la chica que en apenas unas semanas se a convertido en una de mis mejores amigas, cada día aparece por mi habitación con una excusa diferente para sacarme una sonrisa y lo revoluciona todo, es capaz de hacerme llorar de la risa cuándo me encuentro cabizbaja.

Hace casi un mes que la conozco y puedo decir que José no se quedaba corto cuando me la describía. Ella es de esa clase de personas que tan sólo con su presencia, hace que te sientas bien, su profesión le viene como anillo al dedo.

Precisamente está mañana me han dado la mejor noticia que se puede recibir aquí, dentro de un par de días me voy a poder marchar a casa. Son las seis de la tarde y todavía no ha aparecido por aquí,  hoy tiene la tarde libre y me ha prometido que vendría ha hacerme una visita, que tenía una sorpresa, viniendo de ella me espero cualquier cosa. Estoy impaciente por verla aparecer por la puerta y saber de que se trata, y no se por que estoy así, es casi el mismo estado de nervios que siento al subir a un escenario. En estás semanas la he visto a diario, pero siempre me quedo con ganas de saber más de ella.

Vero que tan bien me conoce nota a leguas mi nerviosismo.

- Bueno Lula, me voy que está Quique esperándome, y tranquila que ese pijama te favorece mucho, le vas a encantar,  estás muy guapa.

- Que hablas petarda, si ahora viene Cris.

-Pues por eso lo digo amiga, no seas tonta y disfruta del momento. - Puede notar el rojor de mis mejillas ante su comentario. Vero se marchó como si nada.

Cris apareció a los 5 minutos empujando una silla de ruedas, iba muchísimo más guapa sin ese uniforme azulón, vestía unos vaqueros rojos ajustados, con una camiseta gris de los Rolling Stones, una chaqueta de cuero negro preciosa y unas converse negras que le daban un toque rockero espectacular. ¡Me encanta su royo!

-¿Preparada? -Preguntó colocando la silla dirección a la puerta.

-¿Preparada, para qué? ¿No pretenderás que salga de la habitación con estás pintas, no? - Mi pijama gris de estrellitas blancas no era precisamente una de mis mejores galas.

-¡¿Qué pintas!? Ese pijama es muy cuqui, te queda muy bien.

- Ya claro, cómo tú vas guapísima. -Me arrepentí al instante de mi derroche de sinceridad.

-¡Muchas gracias! - Y sonrió dejándo ver su perfecta dentadura. - Nadie a dicho que tú no lo vayas. - Me hizo un guiño super sexy. - Además no vamos a salir del hospital.

Agarró la silla por detrás y me guió por aquel laberinto inmenso que era el hospital, yo me pasé la mitad del trayecto con la cara cubierta por mis manos,  intentando pasar desapercibida. Casí sin darme cuenta llegamos a la planta menos habitada del hospital, se paró ante mí, sonrió y abrió la puerta, yo simplemente me quedé boquiabierta. Estabamos ante una especie de sala de mantenimiento, repleta de todo tipo de materiales, que por su aspecto denotaba que llevaban años sin usarse.

La miré con cara de desconcertada, echo que ella notó y le hizo reírse inevitablemente. Al no recibir respuesta por su parte opté por preguntarle.

-Muy bonito, una decoración excelente,  pero ¿que sé supone que vamos ha hacer aquí? -Ella me sonrió y me volvió a coger la silla, sin antes decir.

-Tú a callar y déjame a mí.

Así pues pasamos entre aquellos artilugios hasta llegar a una puerta medio camuflada, la abrió y ví que aquello después de muchas escaleras daba a la azotea del hospital, evidentemente era imposible que yo subiera por ahí.

-Señora doctora ¿Cómo pretende usted que yo suba por ahí?

-Pero quieres dejar de quejarte ya ¿o que? si te he dicho que me ocupo yo es porque me ocupo yo y punto.

Así se acercó a mi y me cogio en brazos, me subió escalón a escalón, si es cierto que había perdido peso, pero me daba lástima que acarreará conmigo.

Al llegar a la azotea me llevé una grata sorpresa, tenía preparada una mesa con distintos aperitivos para picar, sin faltar el queso y un vino espumoso que tenía muy buena pinta. Me hizo gracia pensar que eso parecía una merienda romántica.

Me acomodó cerca de la mesa y se sentó,  justo al frente.  Desde mi posición podía observar unas vistas de Madrid espectaculares. Centré toda mi atención en ella, nos mirábamos y sonreímos, cómo si de un acto reflejo se tratase. 

-¿Es grata la sorpresa? - Se me adelantó a preguntarme.

-Ni te lo imaginas, ¿Y a qué se debe si puede saberse? 

-No tiene que haber un motivo en concreto, para cada cosa. Digamos que es una excusa para que comas algo,  desde que estas aquí casi no has probado bocado. -No podía separar mis ojos de ese color miel de los suyos, me embrujada. 

-Ese vinito tiene muy buena pinta. - Me adelanté a coger la botella para llenar mi copa. 

-¡Ni hablar! éste vino es para mi, tu ni puedes ni debes beber alcohol. 

-Anda Cris, dame una mijita. -Le puse ojitos, truco infalible ante cualquiera y cedió, me extendió su copa manchada con un poco de carmín. 

-Bueno, ¿Y que tienes pensado hacer cuándo te de el alta? - Me preguntó mientras cogía una loncha de jamón. 

-Pues mi doctora no me deja trabajar todavía, entre tú y yo es una capulla. - Asintió y segundos después me saco la lengua de una forma desenfadada. - Vero y Quique me han ofrecido que me vaya con ellos una temporada a Valencia. 

-Me parece una buena idea, allí estarás más tranquila.

-¿Me harás una visita? - Pregunté arqueando las cejas. 

-¿Ir a Valencia para verte? Puff menuda pereza. -Una sonora carcajada por mi parte retumbo por toda la azotea. 

-Si te encanta estar conmigo, soy tú mejor paciente y no me lo puedes negar. 

-Serás creída, Maria Lucía, menos mal que te vas dentro de nada. - Sé que intentaba decirmelo con la mayor seriedad posible pero notaba su risa oculta en la mirada.  

La noche ya entraba en Madrid y empezaba a refrescar, Cris se percató, y se levantó de su asiento. 

-Empieza a hacer frío como para estar aquí,  será mejor que bajemos, no quiero que la capulla de tú doctora no te de el alta por mi culpa.

Mientras que me dirigía a mi habitación no puede evitar pensar en todo lo ocurrido esta tarde, la sorpresa, las conversaciónes, su forma tan peculiar de hacerme reir, sin duda a sido la mejor merienda de mi vida.

-Pues ya estás en tu morada, ¿Necesitas algo más?  

-¿Me ayudas a ir a la cama? - Podría a verlo echo sola, pero me moria de ganas de tenerla cerca, de poder disfrutar de ese olor fresquito que desprende su piel. 

Me ayudó a incorporarme, colocó su brazo por mi cintura pasando el mio por encima de su cuello y llegamos a la cama, no se cómo ni porque al acercarnos a la cama, Cris tropezó cayendo por completo sobre el colchón, arrastrandome con ella, caí justo encima, nuestras narices estaban separadas por escasos centímetros. 


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