martes, 27 de enero de 2015

Flashback II

Hay días en los que te levantas de la cama, y sin saber por qué motivo o razón algo te dice que puede que tu vida cambie. La Real Académica Española lo define como Pálpito, un presentimiento, una corazonada. Yo prefiero pensar que es como un grito en tu interior que te anuncia que abras los ojos, que te levantes de esa cama y que disfrutes de ese día, que sí, que puede que tu vida cambie pero si a de cambiar que siempre sea a mejor.

Siguendo la rutina que había adquirido últimamente, ya me encontraba en el hospital. En ésta profesión unos días no tenías tiempo ni para respirar y otros te morías del asco entre tanto papeleo. Muy a mi pesar hoy era uno de esos días, en los que te toca encerrarte en el gabinete rellenar cientos de informes, sin ninguna duda era lo que menos me gustaba de mi profesión. Yo había estudiado medicina para estar rodeada de personas, ayudar, sentirme útil. La sonrisa de alguien al que simplemente le has aliviado su dolor es la sensación mas gratificante del mundo.

Mientras yo seguía con mi particular pelea con aquel anticuado ordenador, entró Eva tan sonriente como siempre.

-Buendos dias guapa, que andas peleandote con Manolín? - Preguntó divertida, mientras se servía un café.

- Anda si le habéis puesto nombre y todo, aún que "Manolín" como que no le pega ¿no? este es más Señor Manolo, el abuelo Manolo. - y comenzó a reírse, poco tardé en unirme, se reía de una forma muy particular y contagiosa.

-Pues está la cosa buena, como para cambiar ordenadores. ¿Oye tienes mucho lio hoy? -Preguntó mientras se acomodaba en un taburete junto al ordenador.

- Pues palelo sobretodo, bueno ahora me toca hacer la ronda. ¿Por qué?

- Por nada, por comer juntas, hace tiempo que no hablamos, te echo de menos. - Me dijo esto último hacercandose más a mi.

En ese intante abrieron la puerta.

- Doctora Pérez, la paciente de la habitación 218 se acaba de despertar. - Era una enfermera, no me sonaba su cara y por su forma de llamarme sería nueva en el hospital.

Me levanté de inmediato cogí mi bata y me dispuse a salir por la puerta, pero Eva me lo impidió.

- ¿Comemos juntas o no? - Preguntó impaciente.

-No lo se Eva de verdad, luego te busco y te digo - y salí antes de que me retuviera durante más tiempo.

Eva es una chica increíble, es enfermera,  un par de años mayor que yo, alegre y atrevida. En el hospital era conocido el tonteo que nos traíamos las dos, pero no pasamos de eso, de un simple tonteo, yo intentaba verlo como una simple amistad, no por que no me gustase, que me gustaba, pero no quería ataduras, prefería dejarlo estar, salir de vez en cuándo, un par de risas y nada más. Aún que tampoco niego que entre nosotras hay una tensión sexual no resuelta y de momento prefiero que siga siendo así.

Tardé unos escasos minutos en llegar a la habitación dónde se encontraba Malú, toqué un par de veces la puerta con los nudillos y pedí permiso educadamente. En la habitación se encontra Malú tendida en la cama, a su lado un hombre alto, moreno y de aspecto músculos. Y en uno de los sillones estaba Pepi.

-Buenos días, como se encuentra señorita María Lucía. - Dije centrando mi mirada solamente en ella.

-Pues la verdad es que me encuentro mejor, pero me molesta bastante, me tira mucho. - Comento tocándose el lado en el que tenía la cicatriz de la operación.

- Es normal que te encuentres condolida, la operación es muy reciente. Bueno soy la doctora Pérez, me voy hacer cargo de su caso, si tiene alguna duda no dude en preguntarmela, tanto a mi como al doctor Rodríguez.

-Muchas gracias - Contestó Pepi.

-Y ahora si sois tan amables me dejais... - Y no me dejaron acabar la frase. Alguien entro por la puerta y me tapó los ojos con sus manos.

-¿Quién soy, doctora? - Y retirando las manos de mi cara me dio la vuelta.

- ¡Hola! José, tu no puedes saludar como todo el mundo ¿no?.- y me dio un fuerte abrazo.

- Sabés que no, ¿Cómo está mi hermanita, Cris? - rodeó mis hombros con su brazo.

- Pues a eso mismo venia, si me permitís un momento, tengo que reconocerla, serán unos minutos - Dije indicándoles la puerta para que salieran. - Os avisó cuando termine. 

-No te preocupes hermanita, te quedas en buenas manos. - le dio un beso en la frente y salio de la sala. Tras él salio aquél chico que no soltaba la mano de Malú en ningún momento y por último Pepi.

-Pensaba que ya me habías reconocido.

-Soltó una sonora carcajada - soy Malú encantada. - Dijo en tono gracioso, y terminó con una amplia sonrisa.

-Bueno veo que se encuentra bastante mejor. - me acerqué a la botella del suero y apunte un par de cosas en la carpeta que había a los pies de la cama de Malú.

-Por favor tuteame, que debemos ser de la misma edad más o menos. -comentó observándome atentamente.

-Cómo quieras María Lucía.- No puede evitar sonreír al llamarla así, por lo poco que sabía de ella no le gustaba que la llamasen así.

- María Lucía no por favor, Malú esta mejor.

- Malú, necesito ver como va la herida, si cicatriza bien, pero... - Me cortó radicalmente sin dejarme seguir.

- Pero no se como te llamas, que nombre esconde la doctora Pérez. - Y no se por que estraña razón no puede evitar reírme.

Era la primera vez que me sucedía eso con un paciente, las otras relaciones se basaban en una relación cordial simplemente, pero con Malú era diferente, tenía la sensación que la conocía de toda la vida, y en cierto modo yo si que la conocía pero ella a mí no.

-Pues un nombre corriente, nada del otro mundo, Cristina... Cristina Pérez ... - No se por que estraña razón no paraba de sonreír.

Me quede observando detenidamente a Malú, estaba guapísima, era muchísimo más guapa de cerca, al natural, a pesar de la operación, el dolor que debería tener y el verse en esas circunstancias estaba radiante.

- Bueno ya están las presentaciones echas, me dejas que le eche un vistazo a esa herida. - dije un tanto nerviosa, por un instante pense que se había dado cuenta del reconocimiento que le acababa de hacer con la vista.

- Sí, claro.

Me coloque unos guantes que llevaba en el bolsillo de mi bata y me acerqué a ella, mientras que lo hacía ella misma bajo la sábana que le cubría el torso y se levantó el pijama hospitalario, lo suficiente como para poder ver la zona sin que me molestase. Le descubrí la zona he hizo un pequeño gesto de dolor.

- Es normal que te moleste, pero está muy bien, está cicatrizado perfectamente. -Le comenté mientras se la volvía a tapar. - Ahora vendrá una enfermera a curarte. 

- Antes has dicho que te puedo preguntar cualquier duda ¿no? - Preguntó con el gesto fruncido.

-Si, claro para eso estoy aquí. - No negaré que me intrigaba demasiado esa pregunta.

- ¿Tienes algo con mi hermano? - Sinceramente era la pregunta que menos me esperaba, pero tampoco era de extrañar viendo como me había saludado José antes, seguro que se pensaba cosas que no son.

Me extraño que Malú fuese tan directa, pero por otro lado me encantaba que tuviese esa confianza conmigo en tan poco tiempo, aunque tampoco sabía si era así con todo el mundo.

- Sí, si tengo algo con tu hermano. - Su cara de desconcierto era total.

- Yo pensaba... que José... estaba... - Hacía unas largas pausas entre palabra y palabra, y esta vez la que la corte fui yo.

- Sí Malú, tengo una bonita amistad con tu hermano si es a eso a lo que te refieres. - Contesté aclarando el cacao mental que se estaba haciendo ella sola.

No dijo nada, simplemente me sonrió.

Rompí ese incomodo silencio que se había creado en la habitación, y que yo intentaba ocultar ojeando papeles que ni siquiera leía.

- Voy avisar a una enfermera para que te cure. - Malú asintió con la cabeza y salí de la habitación.

En el pasillo había aumentado el número de personas, ahora también estaba Pepe que sontenia de la mano a un ñiño de unos tres años. Salude a Pepe y cuándo me dirigía al control para avisar a la enfermera, el pequeño me cogio de una esquina de la bata y me preguntaba algo que no lograba entender, me arrodillé para quedar a su altura más o menos y ahí ya sí que lo entendí.

-¿Doe está mi mana, tiene buba? - Me preguntó el renacuajo con toda la ternura del mundo,  me dieron ganas de comermelo en ese instante, era un niño precioso.

-Pues mira tu hermana, está en esa habitación, ahora la vamos a curar para que se ponga buena pronto vale? - Pero el pequeño no quedo muy convencido de mis palabras. - ¿Cómo te llamas?.

-Pepe y tengo tres años. - Añadió eso último el solo, era adorable.

- Pues mira Pepe, yo soy Cristina ¿quieres que hagamos un trato? - Asintió con la cabeza. - Mira, yo ahora voy a curarle la buba a tu hermana, y tu te tienes que quedar aquí con tú papá, si le haces caso y te portas bien cuando salga te doy una sorpresa ¿quieres? - El niño me dio un sí rotundo cuando escucho la palabra sorpresa. 

Fui al control, con tan mala suerte que la unica enfremera que había libre era Eva, cogí una pirueta que había en una pequña cesta de mimbre y me la eché al bolsillo.

- Eva hay que hacer una cura a la chica de la 208.

-Voy. - cogío el carro de curas y salió.

- Espera que voy contigo y te ayudo. - Me miro, sonrió y me guiño un ojo, y a mi lo que me apetecia era volver a ver Malú. 

Estabamos las tres solas en aquella tipica habitación de hospital, que ahora se encontraba repleta de rosas blancas, supuse que seria por gentileza de los seres queridos de Malú.

-Son de los fan - Dijo Malú al ver como observaba tanta flor.

- Pues si que son detallistas, pero espero que no aparezca ningún alérgico por aquí. - Malú río ante mi comentario.

Llevábamos un rato en la habitación y Eva no paraba de hacer preguntas inmpretinetes sobre su vida privada, notaba como Malú se agobiaba por la situación. Miraba a Eva para que dejara su interrogatorio pero hacia caso omiso a mis advertencias. Hasta que mi paciencia llego al límite.

- Eva, creo que eso no es de tu incumbencia. - le dije en un tono serio y enfadado. Capto mi enfado a la primera.

- Bueno no hace falta que te pongas asi hija, como fan que soy pues me interesa, y que yo sepa a tí también te gusta, que bien que cantas sus canciones. - Mi cara se ruborizo cuando escuché las palabras de Eva, pero pase a ser un completo tomate cuando ví como me miraba Malú, menuda vergüenza.

- Eva sal por favor, ya termino yo.

- Pero si no me queda nada.

- Da igual termino yo, queda claro.- Eva salio cabreada, yo nunca solía hablar así pero me daba mucha rabia que me desautorizasen delante de un paciente y más si era Malú.

- Perdona por la situación, no le hagas mucho caso, es buena gente pero un poco impertinente.

- No pasa nada. - Me dijo muy tranquila.

Salí y allí estaba el niño junto a su familia esperándome impacientemente. Le tendí la mano y me agarro con fuerza.

- ¿Te has portado bien? - Y el mirando de reojo a su padre me afirmó con la cabeza. - Pues toma tu sorpresa. - saqué la pirulata y se la tendí, me lo agradeció con un fuerte beso en mi mejilla. Le volví a dar la mano y lo adentre en la habitación, la cara de Malú al ver al pequeño, quedará grabada en mis retinas de por vida. Mientras que los dos se deshacían entre todo tipo de carantoñas entraron los demás en la habitación, y nos quedamos contemplando aquella bella estampa. 

Él chico moreno, un tal Daniel, me parecio entender que se llamaba, se hacerco a Malú y bajo al pequeño Pepe de la cama, le deposito un beso a Malú en los labios y le pregunto algo al oído. En ese instante fué cundo sentí que yo sobraba en aquélla habitación. 

- Bueno, yo me marcho ya, para cualquier cosa hay tenéis el botón de llamada, enseguida acudirán las enfermeras, si necesitáis algo de mí ya sabes José.- Él asintió y me dio las gracias. - Y Malú necesita descansar. 

Me dispuse a salir de la habitación pero no puede evitar volver a mirar a Malú, verla con aquél chico me revolvía por dentro, y no se por qué si prácticamente la acababa de conocer.

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